Hace unos meses Penélope Cruz y un séquito de
explosivas mujeres en paños menores (Mónica Cruz, Goya Toledo, Natasha
Yarovenko e Irina Shayk) dejaban sin respiración a un intimidado Miguel Ángel Silvestre en el fashion film que la actriz dirigió para presentar L’Agent, su erótica colección de lencería para Agent Provocateur.
Ahora, Pe vuelve a la carga dirigiendo un corto protagonizado por el guapísimo Jon Kortajarena para la misma firma. Aunque no verá la luz hasta el 1 de agosto, el teaser
nos revela que la polifacética actriz además de ser la directora
también actúa. Desde el asiento de un Cadillac, la madrileña observa
como el sediento modelo se arrastra por el suelo intentando llegar a un
oasis de explosivas mujeres. Parece que aunque el escenario y los
protagonistas sean diferentes, el hilo argumental de la pieza será igual
de erótico que el anterior. ¿Será también censurado por YouTube o se habrá ‘cortado’ un poco Penélope en la carga sexual de las imágenes?
“Estoy muy orgullosa de esta colaboración y me encantó dirigir.
Mónica y yo estamos encantadas con la colección de otoño-invierno
2014/2015, creemos que ha quedado tan vibrante como queríamos, así que
quise crear una historia sensual en cuya idea empecé a pensar mientras
escuchaba el tema Single Dutch, de mi hermano Eduardo Cruz. Su música
siempre me inspira muchísimo”, ha confesado la actriz.
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martedì 22 luglio 2014
Penélope Cruz dirige a Kortajarena para Agent Provocateur, ¿se avecina censura?
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martedì 15 luglio 2014
Kim Kardashian vende su ropa en eBay
Si te gusta el estilo de Kim Kardashian, es tu oportunidad: la presentadora subasta más
de 250 prendas de firmas como Chanel, Vera Wang, Dolce & Gabbana,
Jimmy Choo, Prada, Louis Vuitton, Marc Jacobs o Givenchy en eBay (ha creado su propia tienda online, llamada Kimsaprincess).
Un 10% de lo recaudado se destinará a la California Community Church, una comunidad religiosa cuya fundadora es su madre, Kris Jenner. Algunas de las prendas tienen precios de salida muy razonables. La subasta se realizará este lunes, 16 de junio. Echa un vistazo.
Este vestido rosa de Christian Dior tiene un precio de $1,275 dólares.
Un 10% de lo recaudado se destinará a la California Community Church, una comunidad religiosa cuya fundadora es su madre, Kris Jenner. Algunas de las prendas tienen precios de salida muy razonables. La subasta se realizará este lunes, 16 de junio. Echa un vistazo.
Este vestido rosa de Christian Dior tiene un precio de $1,275 dólares.
Lobos de mar y chulos de playa
"La felicidad y la vida cómoda son indecentes, por eso
nunca me voy de vacaciones. Eso está bien para la gente que está todo
el año en una oficina y necesita algún consuelo". Sabemos que estas
palabras arden como si nos metieran una brasa estuosa en el bañador,
pero la cita está cargada de razón. Lo dijo el Oscar Wilde del siglo XXI
en el documental 'Karl Lagerfeld is never happy anyway'. Y es que al
Káiser, director creativo de Chanel y maestro del esputo lapidario, le
horroriza la holganza y los días de asueto remolón. Sí, esos días en los
que el común de los mortales aprovecha para olvidarse precisamente de
las urgencias pancistas de los jefes inmisericordes como Lagerfeld. Lo
cierto es que a la chusma que se repliega en vacaciones a playas lejanas
y elevadas montañas nunca la dejan tranquila. Después de estar todo el
año aguantando la mediocridad y la artes truculentas de ciertos
superiores, en la época estival acechan amenazas más sangrantes si cabe,
ésas que no premian con una nómina ni justifican que nos dobleguemos
como alfombras. Los personajes de Dickens se quedan cortos con lo que
nos espera este verano:
Los viejos verdes que están tiesos suelen tener los mismos gustos que los que están forrados, pero se delatan cuando en su vano intento por parecer adinerados –no hay otro reclamo para cazar jóvenes– fracasan estrepitosamente. Tanto los pobres como los ricos se tiñen el pelo, y ambos lo hacen a brochazos y con colores falsísimos, como si en el fondo desearan que la gente supiera que son incapaces de sobrellevar dignamente su edad.
Peligrosidad: Media.
Nadie sabe muy bien a qué van a la playa porque siempre están bronceados, pero hay estudios que sugieren que su objetivo no es otro que exhibirse y concitar la atención de los cuerpos lechosos y mórbidos condenados de por vida al helado, la horchata y las patatas fritas. Es irrelevante si desean a una mujer o un hombre porque ellos jamás se enamoran de otras personas que no sean ellos mismos. Se depilan, lucen rosarios al cuello y visten bañadores a ras de ingle.
Peligrosidad: Baja.
En los arenales se comportan como si estuvieran en su propio cortijo: lanzan piropos que ya eran viejos cuando se inventaron, dan la brasa a las socorristas y siempre aceptan los ofrecimientos de las masajistas colegiadas de origen chino. No tienen gracia ni talento, y su manera de llamar la atención es hablar por teléfono a voces o reproducir en modo altavoz las canciones infames que alberga su Huawei.
La mayoría luce tatuajes que han envejecido de forma lamentable y que ahora son sólo borrones. Alcanzan su máximo apogeo a mediodía, cuando el efecto de las cervezas se multiplica por el sofocante calor y el solazo de justicia.
Peligrosidad: Alta.
El surfista de palo es un híbrido entre el musculoso y el playboy, y su éxito en el arte del cortejo está garantizado. Es un rival duro de pelar.
Peligrosidad: Media.
El sexo es su gran caballo de batalla. Hay veces en las que permanecen apostados en el pretil de la playa –yertos, inmóviles, como estatuas de sal– y otras veces caminan con sigilo entre las toallas. Sólo miran, aunque a veces también sacan fotos. Observan, analizan y procesan las imágenes que recogen parapetados tras sus gafas de sol para archivarlas en su memoria onanista.
En el pasado algunos se han extralimitado en el uso de sus funciones y han caído en el vicio de la exhibición o la galantería mal entendida –"¡Eres una puerca y voy a merendarte!"–. De ahí su mala fama. El mejor desprecio es no hacer aprecio. Ignóralos.
Peligrosidad: Nula.
Volar hoy cuesta tan poco dinero que los aeropuertos se han convertido en las nuevas estaciones de autobús –lo mismo ocurre con los emails, los wasaps y las llamadas de teléfono, que si fueran de pago ahorraríamos mucho tiempo y tonterías–. La idea suena asquerosamente esnob, pero la nostalgia de un tiempo pretérito en el que la gente fumaba, bebía y sabía comportarse a 11.000 metros de altura nos pone muy tiernos.
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El viejo verde
Los viejos verdes que están tiesos suelen tener los mismos gustos que los que están forrados, pero se delatan cuando en su vano intento por parecer adinerados –no hay otro reclamo para cazar jóvenes– fracasan estrepitosamente. Tanto los pobres como los ricos se tiñen el pelo, y ambos lo hacen a brochazos y con colores falsísimos, como si en el fondo desearan que la gente supiera que son incapaces de sobrellevar dignamente su edad.
Peligrosidad: Media.
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El musculoso
Nadie sabe muy bien a qué van a la playa porque siempre están bronceados, pero hay estudios que sugieren que su objetivo no es otro que exhibirse y concitar la atención de los cuerpos lechosos y mórbidos condenados de por vida al helado, la horchata y las patatas fritas. Es irrelevante si desean a una mujer o un hombre porque ellos jamás se enamoran de otras personas que no sean ellos mismos. Se depilan, lucen rosarios al cuello y visten bañadores a ras de ingle.
Peligrosidad: Baja.
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El playboy de medio pelo
En los arenales se comportan como si estuvieran en su propio cortijo: lanzan piropos que ya eran viejos cuando se inventaron, dan la brasa a las socorristas y siempre aceptan los ofrecimientos de las masajistas colegiadas de origen chino. No tienen gracia ni talento, y su manera de llamar la atención es hablar por teléfono a voces o reproducir en modo altavoz las canciones infames que alberga su Huawei.
La mayoría luce tatuajes que han envejecido de forma lamentable y que ahora son sólo borrones. Alcanzan su máximo apogeo a mediodía, cuando el efecto de las cervezas se multiplica por el sofocante calor y el solazo de justicia.
Peligrosidad: Alta.
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El surfista
El surfista de palo es un híbrido entre el musculoso y el playboy, y su éxito en el arte del cortejo está garantizado. Es un rival duro de pelar.
Peligrosidad: Media.
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El voyeur
El sexo es su gran caballo de batalla. Hay veces en las que permanecen apostados en el pretil de la playa –yertos, inmóviles, como estatuas de sal– y otras veces caminan con sigilo entre las toallas. Sólo miran, aunque a veces también sacan fotos. Observan, analizan y procesan las imágenes que recogen parapetados tras sus gafas de sol para archivarlas en su memoria onanista.
En el pasado algunos se han extralimitado en el uso de sus funciones y han caído en el vicio de la exhibición o la galantería mal entendida –"¡Eres una puerca y voy a merendarte!"–. De ahí su mala fama. El mejor desprecio es no hacer aprecio. Ignóralos.
Peligrosidad: Nula.
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El pasajero dominguero
Volar hoy cuesta tan poco dinero que los aeropuertos se han convertido en las nuevas estaciones de autobús –lo mismo ocurre con los emails, los wasaps y las llamadas de teléfono, que si fueran de pago ahorraríamos mucho tiempo y tonterías–. La idea suena asquerosamente esnob, pero la nostalgia de un tiempo pretérito en el que la gente fumaba, bebía y sabía comportarse a 11.000 metros de altura nos pone muy tiernos.
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